Vientos de nostalgia Rescato del olvido la alborada de un frío y seco día de noviembre de la década del 20, desde Jaén, mi pueblo: un singular paraíso terrenal en donde la alegría, la pena y la nostalgia, conviven con el extenuante insomnio de los industriales aceiteros y el breve y profundo sueño de los aceituneros, que nada tiene de profético. Mi nombre es Paula. Recuerdo estar somnolienta al borde de mi lecho, aún poseído de mi cuerpo, pero dispuesto a dejarme partir en el peregrinaje de cada mañana. En la casa permanecen durmiendo mis hermanas menores y el único que está en pie es mi padre, último en acostarse y primero en despertar. Vestida con tres faldas rústicas, calzada con abarcas, pies envueltos en abrigados peales, recorro el corto trecho entre mi casa y los olivares. Mi mente nostálgica dibuja a Palmiro, vareando el follaje olivarero, cual guerrero luchando con su lanza contra un enemigo tan terco como agitado. En la casa, era mi padre, don Juan Ramón Jurado, q...
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